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Diario de una Eurocopa: San Juan y los arcoíris

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Artículo de opinión a través de la ruptura de fatalismos y de almas inmortales para explicar la victoria de España

Sonó el despertador a las 8 de la mañana y era el momento de levantarse de la cama. Aunque no tenía un horario laboral fijo, consideré necesario realizar una caminata hacia aquellos terrenos escarbados en los que deportistas amateurs entrenan. A medida que mis pies soportaban el empinamiento de la subida, mi mente valoraba con mayor conocimiento de causa el trabajo realizado por mi padre como corredor de trail y de mi cuñado en su condición de ciclista MTB.

El sacrificio realizado supone sudor, pero la satisfacción generada al llegar al punto proyectado acaba generando una satisfacción cercana a la de un broker cuando multiplica sus beneficios. La percibí al encontrarme en la cima de la chimenea cuadrá, ya que teniendo todo Puertollano a mis pies, mis ideas de presente y futuro rondaron con una fluidez envidiable en mi corazón.

Acto seguido, le escribí a mi compañero de fatigas de bar, Carlos, y le puse: «a las 17:30 en la puerta de mi casa, hoy vamos a ganar». A continuación, le dije a mi amiga Natalia, que tenía que entregar el Proyecto de Fin de Carrera: «si España gana, te dedico un artículo». 

No obstante, no se trata el diario de un niño de Primaria que escribe un diario aparentemente simple. Este proyecto trata de narrar todo lo acontecido en una Eurocopa, pero el simbolismo ejercido por el fútbol para explicar lo acontecido en la vida acaba dando sentido a nuestra existencia como material comunicativo. De hecho, mi paisano Santiago Cañizares sacó a escena su espiritualismo en Radio Marca para justificar su fe en la selección.

Lo personal incide en la actualidad futbolera

El ex portero del Valencia recordó que su hijo Santi falleció un día 23 y sus últimos meses de vida los pasó vistiendo una indumentaria de la selección española. Fiel a su rama espiritual, confío en que la Roja pasara de ronda. Además, el encuentro pilló en una Noche de San Juan, día en el que se encienden las hogueras, se saltan sobre ellas y se piden deseos mientras que se rompen con malos augurios del pasado.

Todos los astros parecían destinados a que todo las alegrías acecharan y con tintes de cambio de ciclo. Si mi hermana tenía el día idóneo para quemar parte de las fotos que se hizo con su ex novio y mi amiga Natalia entregó el dichoso Trabajo de Fin de Grado para finalizar una etapa de aprendizaje espiritual, pero desafiante para su autoestima, España tenía el día para romper con fatalismos autodestructivos.

Lejos de amenazarle el 22 de junio como día negro en el que la selección cayó ante Inglaterra en cuartos de la Eurocopa de 1996 por penaltis o en 2002 ante Corea, se percibía como día para tirar al retrete el fatalismo. Precisamente aquel mismo 22 de junio, pero del año 2008, España rompió el maleficio de cuartos de final en 2008 ante Italia por penaltis.

Saltando hogueras para enterrar fatalismos

Aquella victoria ante los trasalpinos supuso meter en la hoguera todos los estereotipos y profecías negativas ante el combinado nacional que, lejos de ser desterradas ante los posteriores títulos, volvieron cuando tocaba reconstruir un equipo. Luis Enrique adquirió la responsabilidad en julio de 2018 para liderar un fin de ciclo y lo cumplió hasta 2021, incluso habiendo sufrido la muerte de su hija.

Si consiguió salir hacia delante a pesar de haber perdido lo más preciado en el mundo, no le iba a quitar el sueño una serie de críticas oportunistas, resultadistas y faltona. Todas ellas, lejos de indagar en posibles aspectos a mejorar, ya que el fútbol necesita ser objeto de conversación para mantener su rentabilidad económica, antepusieron el ataque personal al técnico a lo profesional con críticas carentes de contenido. ¿De verdad que lo primordial se centraba en la convocatoria de Sergio Ramos, Nacho o Sergio Canales, o que saluden o no a la afición?

La respuesta es contundente y se trata de un no rotundo. Había que trabajar en el acierto de cara al gol, en una mayor fluidez en zona de 3/4 partes de campo y, sobre todo, en mantener el gran trabajo realizado cuando tocaba presionar tras pérdida. Aunque Morata falló el penalti, la química y la focalización en ganar llevó a una goleada inesperada por los fatalismos recibidos anteriormente, pero predecible por la diferencia de talento entre el equipo español y el de Eslovaquia.

Arcoíris agradecidos

Laporte, Sarabia, Ferrán Torres, junto a las intervenciones de Morata y Pau Torrés para que hubiesen dos autogoles certificaron el salto sobre la hoguera de San Juan por parte de la selección. El alivio fue enorme, y ocurriese lo que ocurriese, sabían que se habían quitado una gran losa.

Curiosamente, el hecho de respirar acechó cuando la meteorología predecía una alerta naranja llena de tormentas en el territorio español. Curiosamente, una de las lluvias acabó siendo una señal considerada por mi parte como una sugerencia para pedir que Croacia siguiese compitiendo. Del mismo modo, la combinación de lluvia y calor acabaron provocando arcoíris.

El arcoíris se define como el arco de colores que se forma cuando los rayos del sol se reflejan en las gotas de lluvia si nos centramos en el panorama físico. Si nos inclinamos hacia el metafísico, cuenta la leyenda que su aparición supone la visita del alma de un ser querido sobre el universo de los mortales. Julio Verne lo llama rayo verde.

Agnosticismo como modo de vida

Personalmente, recuerdo haber viajado en aquel nostálgico 2019 a Heidelberg (Alemania), uno de los lugares que frecuentaron mis abuelos en sus tiempos como emigrantes españoles. Mientras contemplaba la belleza del paraíso de la Filosofía ubicado en el territorio germano, un arcoíris acechó para sentir la presencia de mi abuela que, desafortunadamente, nunca llegué a conocer. No obstante, su alma parecía haberse postulado para abrirme la mente, permitiendo que ni me cerrara al Ateísmo, sin tener la necesidad de abrazar al Catolicismo.

Por lo tanto, podemos considerar que muchos de los arcoíris aparecidos durante la semana de tormentas de verano acabaron apareciendo a través del alma de Xana, hija de Luis Enrique y Santi, hijo de Santiago Cañizares. Además, muchos de ellos contaron con una enorme curvatura para saltar la dichosa hoguera. Así que, solo nos queda decir en alto: bendito día de San Juan. 

 

Imagen principal vía: @SeFutbol

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