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Diario de una Eurocopa: lo que mal empieza…

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Primer episodio de un diario de reflexiones sobre la primera Eurocopa contada como escritor

Estas palabras las escribo a los 23 años de edad y es la cuarta Eurocopa que mis ojos llevaban tiempo deseando visualizar tras haber sido pospuesta en la primavera de 2020 por un virus inesperado. Recuerdo mi primera que fue en junio de 2008 al son del cántico «podemos» y de un tiki-taka que coronó a Luis Aragonés como un grande de España.

Tenía 11 años y ha pasado más de una década. He sentido que el tiempo ha pasado muy deprisa a medida que se van quemando las primeras etapas de nuestro ciclo vital, sobre todo la de la juventud. Pero por mucho que pase el tiempo, la ilusión por un gran torneo de selecciones nunca perdure.

Nuevos tiempos, viejos fatalismos

Siendo fieles a la tradición, la bienvenida de ilusión a nuestras entrañas por el combinado nacional se ve secundada por terremotos transversales entre lo político, social y estrictamente deportivo. ¿Quién no recuerda la eliminación de España en el Mundial 2014 el mismo día que abdicó Juan Carlos I o, en su defecto, se simultaneó el inesperado despido de Julen Lopetegui con la moción triunfadora sobre Mariano Rajoy?

Una vez, las churras y las merinas no quisieron pasar inadvertido en la Eurocopa del coronavirus. Si el partido amistoso jugado ante Portugal en el Wanda Metropolitano fue digno de hacer una oda al aburrimiento por el ritmo mostrado, los corazones se encogieron con el positivo del capitán, Sergio Busquets.

Curiosamente, mientras el ritmo de vacunación en España comenzó a adquirir una velocidad deseada para desear una vida más plena de libertades, la Federación Española debía cometer los protocolos pertinentes.

¿Premios deseados?

Las vacunas comenzaron a ser llamadas junto a una reserva deseosa de vestir la zamarra por algo grande. Rodrigo Moreno, Pablo Fornals, Brais Mendes y Carlos Soler fueron los afortunados por haber recibido la llamada del técnico.

La pregunta es: ¿el entorno de la selección sintió orgullo de haber sufrido el eterno terremoto? Está claro que llevamos unos años de crisis en los que no damos a basto para disgustos.

Por tanto, el pesimista puede vaticinar una nueva representación al «jugamos como nunca o perdimos como siempre». Pero si la selección española consiguió un triplete histórico en pleno inicio y posterior auge de la crisis económica del año 2008, sabe que tiene un hueso duro de roer. El bien contra el mal, lucha eterna, que el coronavirus disfruta comiéndose unas grandes palomitas.

 

Imagen principal vía: @SeFutbol

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