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Diario de una Eurocopa: la magia de la niñez

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Artículo de opinión sobre la necesidad de preservar la belleza futbolística para el crecimiento de los niños.

La mayoría de la población española, sobre todo la masculina, ha aferrado su infancia al juego balompédico inventado en territorio británico y consolidado en el siglo XX. ¿Cuántos colegiales han querido reproducir en el patio del colegio las jugadas vistas el domingo anterior de jornada de Liga o, si nos encontramos en verano, de torneos de selecciones?

El mero hecho de que muchos niños sueñen «con ser futbolistas» ha catapultado al fútbol a la categoría de las órdenes de caballería en la Edad Media. La curiosidad, el espectáculo y, por supuesto, la magia con el balón disfrutando de dicha práctica deportiva son las principales armas de seducción para las nuevas criaturas vivientes.

El género animal lleva a cabo incansables cabalgadas que, aunque aparentemente carezcan de sentido alguno, denotan la alegría y su capacidad de aprendizaje por descubrimiento. Esos primeros pasos son los que hacen enamorarte del mejor amigo del hombre, el perro, sobre todo a servidor, que en palabras de un sabio amigo me dijo: «te has enamorado de Piqueritas -el perro de la persona que me hizo creer en la palabra amor- porque puede ser el único hijo que posiblemente tengáis Laura y tu». Al fin y al cabo, Laura es una persona que no sentía predilección por tener hijos cuando empezó conmigo una relación sentimental en septiembre de 2015.

El «chocheo» hacia dicha mezcla de braco de Weimar y border collie llamado Piqueritas fue mi primer contacto con el amor canino, concretamente al verle dar sus primeros pasos en su paso por la travesía de la vida. ¿Quién sabe si podría reencarnarse en niño? De un modo o de otro, uno siente emoción al percibir cómo cualquier ser vivo da sus primeros pasos. No obstante, debería preguntarme: ¿cuál relación tiene el crecimiento humano con el fútbol?

Tal y cómo conté en los primeros párrafos, el desarrollo del niño, o siendo «inclusivo» para ofendiditos dispuestos a manchar la belleza de la lengua castellana, de los niños y las niñas, se ha visto desarrollado en grandes noches de fútbol. ¿Qué sería del fútbol de hoy en día y, por supuesto, de la sociedad sin la admiración de los locos bajitos de Serrat hacia las maravillas que realizaban Ronaldo Nazario, Ronaldinho o Zidane, entre otros?

Además de no haber habido tanta demanda de futbolistas como en la actualidad, la industria del deporte rey hubiera perdido fuerza. Posiblemente, sin la pasión de aquellas maravillosas mentes plásticas surgidas en la infancia, el fútbol no tendría el interés suficiente para que estuviera realizando Diario de una Eurocopa.

Las ganas porque empezara este torneo han sido kilométricas si me ciño a las necesidades de mis tripas. Hubo, hay y habrá millones de personas en mi misma situación y si queremos que aumente el número de personas entrometidas en mi pellejo, el terreno de juego exige espectáculo de calidad. Gran parte de los seguidores del torneo sintieron una amarga decepción cuando la especulación, el miedo a la diversión y los movimientos de «funcionarios» acecharon en la victoria por 1-0 de Inglaterra sobre Croacia.

Afortunadamente la incertidumbre y el sentimiento de gozada llegó en el sonoro intercambio de golpes entre el Holanda-Ucrania -victoria por 3-2 de los neerlandeses-. Permitió recordar a mucha gente las razones por las que amamos el fútbol y los motivos que llevan a las tablas rasas a comenzar a colorear emociones y pasiones, pero el público sintió que la magia de la niñez no había tenido el suficiente acto de presencia.

¿A qué vino usar la «casta» especulativa por parte de los inventores del fútbol -Inglaterra- en Wembley? Incluso una Holanda goleadora llegó a decelerar en tramos de un encuentro. ¿Acaso merece tal castigo el legado de Cruyff? Los profesionales del balón deberán responderse a ambas cuestiones cada vez que jueguen un partido, sobre todo si quieren que aparezcan nuevas cosechas gracias a la magia de la niñez.

Las esperanzas de Anna y Olivia por transformar la vivacidad de los primeros años de crecimiento en existencias extraordinarias se perdieron en el fondo del mar junto a Ruth, José o el pequeño Gabriel, entre otros. Por favor, no rompan las ilusiones de los niños, tienen más valor que todo lo que pueda generar un deportista en término de ingresos económicos.

 

Imagen principal vía: @UEFAcom_es

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