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Diario de una Eurocopa: «el sarcástico football for the fans»

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Artículo de opinión que critica el doble rasero por parte de determinados detractores de la Superliga europea.

En palabras de mis padres y de mis abuelos, tocaba encontrar otra selección a la que animar después de haber visto como la selección española terminaba su andadura. Generalmente, la eliminación tenía lugar en un ambiente lleno de ilusión que terminaba dando grandes baños de realidad. A pesar del disgusto, el amor por el fútbol te acaba «obligando» a encontrar otra selección que cubra el vacío dejado por España.

Esta sensación la experimenté en 2014, 2016 y 2018 como consecuencias de las decepciones mostradas por parte de «la Roja», permitiéndome ponerme la camisa de Alemania, Portugal y Croacia respectivamente. Sin embargo, aunque la Eurocopa 2020 no supuso la vuelta de la selección española a la senda de la victoria. Su digno papel que le llevó a semifinales y sin perder ningún partido me llevó a no ponerme ninguna bandera que no fuera la de mi país.

Admiración hacia los semifinalistas, pero sin favoritos

Es cierto que he sentido admiración por el fútbol variado de Italia en función del contexto, la evolución de Inglaterra que ha pasado de ser la mera inventora del fútbol a ser a selección a tener en cuenta y por la heroicidad de Dinamarca que ha llegado a semifinales tratando cómo Dios manda el balón a pesar de haber tenido que sufrir la casi tragedia irreversible de Eriksen. Por tanto, como mi corazón estaba bien satisfecho por el papel de España, opté por sentarme a disfrutar del espectáculo del fútbol.

Quedaban dos partidos y uno de ellos era la semifinal entre Inglaterra y Dinamarca. El país inventor del fútbol demostró en el Mundial de 2018 que la espectacularidad de su liga, la Premier League, puede verse expandida en su selección en un juego vertiginoso y pragmático con los Pickford, Walker, Foden, Trippier, Sterling o Harry Kane y compañía. No obstante, tenía delante a una Dinamarca capaz de agarrarse como gato panza arriba al ring, cosa que fue haciendo durante todo el torneo.

Resistencia hasta la aparición del equipo arbitral

Los daneses, fieles su afán vikingo de convertir su resistencia al frío en su principal fortaleza, se adelantaron de un disparo certero de falta en la primera falta. Pero el dominio inglés acabó igualando la contienda provocando un gol en propia puerta, lo que parecía el principio del fin del sueño del país nórdico. Nada más lejos de la realidad, la feroz resistencia sobre los ingleses acabó emulando la resistencia en Stalingrado hasta forzar la prórroga.

Pero si el invierno ruso supuso la primera cavada de tumba por parte de los nazis, la prórroga como fruto de la resistencia danesa terminó haciendo justicia al juego inglés a través de unas artes no necesarias. Sterling tuvo una caída en su lucha con el balón con el danés Joakim Mæhle, pero sin haber llegado al contacto necesario para pitar penalti. Finalmente, Kane puso el balón sobre los 11 metros y tras haber rechazado Schmeichel el disparo, el delantero británico anduvo listo en rechace para colocar el 2-1 final.

55 años después, los ingleses pisaban una final que, para más inri, fue en Wembley. Lugar en el que ganaron la última para tener la única estrella en su haber a día 9 de julio de 2021. Su juego a lo largo del torneo fue merecedor de dicho premio. Pero no necesitaron pasar de ronda a través de un penalti inexistente que marginó el brazo hipotéticamente justiciero del VAR.

Merecieron ganar sin el dichoso penalti

No necesitaban ese tipo de errores calamitosos para poder pisar la final, ya que el talento de los británicos había  hecho méritos suficientes para vencer a la fuerza de voluntad danesa. ¿No resultaba casual que ocurriera meses después de que los clubes ingleses se retiraran del proyecto de la Superliga, equipos multimillonarios con el dinero de los jeques de la Premier tengan mayor flexibilidad para el gasto?

Más de lo mismo comenzó a ocurrir con un PSG, cuyo jeque, Nasser Al-Khelaïfi, no sintió reparo en dejarse millonadas totalmente desmarcadas con la bajada de ingresos del fútbol fichando a Sergio Ramos y Georginio Wijnaldum. Casualmente, Nasser, fue designado como presidente de la ECA (Asociación Europea de Clubes) después de haber presenciado las esperpénticas «espantadas» de muchos clubes del proyecto Superliga.

Sinceramente, el buen fútbol inglés a lo largo del torneo demostró el gran trabajo de equipos llenos de personalidad y competitividad como el Manchester City de Pep Guardiola, el Liverpool de Klopp o el Chelsea de Tuchel. Por muy millonarios que fueran dos de estos tres clubes, han demostrado efectividad en sus proyectos, ¿acaso fue necesario bajarse los pantalones ante el cinismo hipócrita y maléfico?

¿Quiénes se lo ganan en el campo?

Por supuesto que hay que bajárselo, siempre y cuando queramos secuestrar la ilusión de todos esos aficionados llenos de ilusión por haber colorido las gradas de un Wembley a reventar. ¿Cuántos de ellos terminaron siendo manipulados por tópicos falaces como «football for the fans» o «gánatelo en el campo?

Sin duda, la selección inglesa Campeona del Mundo en 1966 o la invitada selección danesa a la Eurocopa 1992 y posterior vencedora se lo ganaron en el campo. Más de lo mismo podemos decir de los primeros ingleses que utilizaron el fútbol como elemento unificador en la Revolución Industrial, o en clubes como el Real Madrid, la Juventus de Turín o el F.C. Barcelona que han creado un imperio económico a base de trabajo durante décadas.

Todos somos protagonistas del triunfo del fútbol

Si quieren que personalmente forme parte del fútbol favorable para los fans, digo en el julio previo a mi cuarto de siglo que espero seriedad con respecto al despilfarro de jeques y en penaltis inexistentes en semifinales de torneos de elecciones. Seguro que más de uno se ha visto tentado a comprar el Camp Nou o el Santiago Bernabéu y las Champions ganados por cada uno de ellos.

 Los jeques, los grupos empresariales importantes o majestuosos presidentes como Joan Laporta o Florentino Pérez han permitido mejorar la rentabilidad del producto fútbol. Pero que no olviden que las selecciones funcionan como fruto de una gestión puramente deportiva, pedagógica y lealtad de todo un país. Por tanto,  que solamente pude sentir alegría que las tres ligas más importantes del mundo, la italiana, la inglesa y la española, tengan representadas a sus respectivas selecciones entre las mejores de Europa. Eso es ganárselo en el campo, el resto son solamente mamarrachadas.

 

Imagen principal vía: @UEFAcom_es

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