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Diario de una Eurocopa: bonito es el tiempo

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Ensayo sobre las relaciones entre la vida, el fútbol y la huella de Pau Donés durante la pandemia.

Los meses de junio del periodo de la pandemia del coronavirus quedaron marcados por el fútbol, por el recuerdo al malogrado Pau Donés y, sobre todo, el surgimiento de la luz de la esperanza tras tanto sufrimiento desde marzo de 2020. Bien es cierto que junio de 2020 discrepa profundamente sobre lo acontecido doce meses después. Al fin y al cabo, no es lo mismo terminar un confinamiento estricto que experimentar una sensación de alivio debido al ritmo acelerado de la vacuna, permitiendo que países como Israel o Hungría hayan eliminado el uso obligatorio de las mascarillas.

Precisamente el país húngaro fue una de las sedes de la Eurocopa celebrada a principios de la década de los años 2020. El hecho de haber visto un gran lleno en el Puskás Aréna me puso los pelos de punta, ya que lo convencional volvía al lugar correspondido. Podría tratarse de un hecho muy básico, pero brindé tomándome una cerveza fría por la hipotética vuelta a la normalidad, siendo uno de los factores que me hicieron pensar que todo me parecía bonito.

Por el contrario, la afición húngara concentrada en el estadio para presenciar el partido contra Portugal. Eran conscientes de que su selección no tenía el juego «tan bonito» que maravilló al mundo en el Mundial de Suiza en 1954. No obstante, la competitividad conforma una de las principales virtudes del ser humano que también homenajean al placer de vivir que tantas veces predicó Pau Donés, al igual que hizo la selección húngara en su encuentro.

Realizaron un planteamiento defensivo lleno de limpieza, pero de resistencia a los ataques de una Portugal testigo de un proceso de metamorfosis. ¿Quién les había visto y quién los vio en la Eurocopa, pasando de especular estrictamente en 2016 para llevar el timón en el primer encuentro? No obstante, el torneo del KO no suele premiar el buen fútbol con la gratitud que lo hace el fútbol regular, lo que obligó a los de Fernando Santos tirar de fe, sobre todo si el contrincante no llevaba a cabo las prácticas fulleras basadas en las continuas pérdidas de tiempo.

Finalmente, el buen rollo, la armonía y el placer de dejarse llevar por los placeres de la vida acabaron  recompensando el esfuerzo de Portugal, representado principalmente por Cristiano Ronaldo. A sus 36 años, en su quinta Eurocopa, se convirtió en el máximo goleador del torneo al haber anotado dos en la victoria de los lusos por 0-3. Quizás no expuso sus arrancadas y su potencia desde lejos que tan grande le hizo durante los primeros años de su carrera, pero sus goles, su frescura en el campo y su expresión al finalizarlo demostraron cómo es posible controlar hasta cierto punto el envejecimiento personal.

Recuerdo a una compañera de carrera que a sus 24 años de edad, tuvo el valor de decirme que ya no «estaba para tantos trotes» cuando tocaba no dormir para disfrutar de las fiestas celebradas en las temporadas veraniegas de La Mancha. En la misma medida, uno tiene dificultades para predecir cuál será el aspecto físico de compañeros de instituto cuando superen la treintena al haber «disfrutado visualmente» del deterioro corporal de muchas personas, que curiosamente, eran catalogadas como las populares de mi promoción.

Dicen que el tiempo pasa para todos, pero uno tiene la posibilidad de hacer girar el proceso de envejecimiento hacia una dirección adecuada. Quizás los disgustos pueden provocar grietas en nuestro aspecto físico y la mentalidad, pero hace más el mero hecho de no exceder el consumo en diferentes tipos de drogas. Por ello, uno no se sorprende de ser testigo de la guerra dada por Cristiano Ronaldo a pesar de haber situado el DNI más cerca de los 40 que los 30.

Sin duda, el rendimiento del luso fue bonito, al igual que el retorno de Karim Benzema con Francia en partido oficial. Para todos, el tiempo, componente que altera la materia, también puede convertirse en una medición de tu espíritu fresco para someterse al devenir de la vida. El 9 galo se incorporó a la selección gala como si no se hubiese ido jamás, ya que sus movimientos con o sin balón hacían entrever que se sentía en casa. Fue una persona más de un juego coral francés perpetuado en la búsqueda de grietas rivales de una Alemania abocada a un proceso de construcción.

Finalmente, la Campeona del Mundo del año 2018 impuso su mayor madurez en el campo al haber derrotado por 1-0 a la Mannschaft alemana, sabiendo que pudieron haber más goles por parte de ambos. Los galos sufrieron la anulación de dos goles ante el gran acierto de un VAR y Alemania propuso un fútbol con una fluida circulación de balón para igualar la contienda. Fueron dos propuestas de juego noble que eran corregidas razonablemente con un video arbitraje propicio para un día bonito, permitiendo que Pau desde el más allá pudiese sonreír.

Cabe destacar que el compositor de Jarabe de Palo le pidió al periodista Jordi Évole antes de morir que «no estemos aquí de mala leche, estemos aquí de buen humor». Quizás ese hecho provocó una deportividad difícil de encontrar en ambos encuentros de un grupo complicado. Al fin y al cabo, la paz y el hecho de disfrutar de tu pasión con la mejor compañía otorgan belleza al paso de los años, meses, días, minutos y segundos.

Aquella reflexión la saqué de mis entrañas en junio de 2020 con Laura y dos colegas que afrontaban sus últimos momentos como pareja. Uno de ellos perdió a su madre durante los primeros días de confinamiento, mientras que yo acababa de ver a mi madre en el hospital recién salida de la UCI y, para colmo, había empezado la cuenta atrás para que mi abuelo falleciera. A pesar de ello, rememoramos el tono y la filosofía de vida del artista catalán, dejando entrever la necesidad del día a día, anteponiendo los momentos de felicidad a los de tristeza.

Por tanto, lejos de ver historias de Facebook y reportajes que recuerdan cómo doce meses después, nos reencontramos con la vida, y los jugadores con el césped sin los aficionados, presenciemos cómo la Eurocopa les permitió reencontrarse con su público. En la misma medida, servidor se sintió orgulloso de pasar a reflexionar sobre el sentido de la vida a partir de desgracias personales a disfrutar de una Radler y de un bocadillo de bacon con queso con cuatro amigos. Un colchonero muy antimadridista, una persona tremendamente imparcial y un aficionado al Athletic me hicieron compañía. Ojo, soy amante del Real Madrid

A pesar de las diferencias de nuestros corazones, optamos por agarrarnos a los que nos une, que tiene mucho valor de lo que nos separa. El fútbol y la amistad es una de las cosas que nos permitió quedar para que nuestras mariposas compartieran su aleteo mientras que el balón. Cómo dijo el fallecido comentarista Andrés Montes«porque la vida puede ser maravillosa». 

 

Imagen principal vía: @UEFAcom_es

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