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Diario de una Eurocopa: Bale, a la estela de Vettel

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Ensayo comparativo entre el resurgimiento del piloto alemán y el jugador galés

Soy una persona que comenzó a enamorarse de la escritura gracias a la Fórmula 1 y a las miles de blogs, libros y periódicos que leía sobre la competición. Empecé en 2005 y fue mi pistoletazo de salida para comenzar a interesarme por el deporte y, ¿por qué no?, podría decir que por la vida, ya que comenzaba a simbolizar lo sucedido a mi alrededor con lo acontecido en las carreras.

De este modo, el hecho de comprender lo acontecido en el fútbol cuando empecé a interesarme por él no me resultó excesivamente complicado al relacionarlo con «el Gran Circo». Han pasado más de quince años desde que empecé a engancharme a ambas disciplinas deportivas y a pesar de haber evolucionado como persona, no he dejado de realizar comparaciones cargadas de paralelismos en todos los sentidos, que curiosamente han llegado a irritar a parte de mi entorno familiar.

Quizás por ello se vio incrementado mi afán por plasmar en el papel todos los símiles relacionados en mi cabeza dignos de ser caracterizado como «rayadas filosóficas». Quizás lleven razón, pero muchas veces no necesitas empapar tu cabeza a base de reflexiones de Epicuro, Nietzche, Platón o Aristóteles, entre otros. Muchas veces basta con mirar a tu alrededor para iniciar tu aprendizaje por descubrimiento.

Las comparaciones pueden ser maravillosas

El deporte contiene un alto espíritu de superación sobre uno mismo, sobre todo cuando las dificultades personales acechan, llegando a considerarte acabado a pesar de ser catalogado como leyenda. Sebastian Vettel lo sufrió durante sus últimos años de Ferrari y durante sus primeras carreras con Aston Martin, pero el chip cambió en Mónaco.

Precisamente la cita monegasca el inicio del resurgimiento del tetracampeón germano. Tras haber continuado en la espiral de autodestrucción en Baréin e Italia, se agarró a la tierra compitiendo dignamente en Portugal y España y las calles del Principado dieron la bienvenida al público tras la pandemia y al Vettel esperado. Su solidez en pista quedó premiada con una meritoria quinta plaza, pero la culminación de dicho resurgimiento llegó en Bakú.

La ciudad asiática fue testigo de una resiliencia, inteligencia táctica y, sobre todo, ritmo de conducción que le permitió a Sebastian Vettel conseguir una segunda plaza equivalente a platino. Aunque erraron los principales gallos de corral, es necesario tener la seguridad y la fluidez necesaria para errar, pero sin renunciar a la velocidad exigida. Porque si tan «sencillo» ha sido el error de Vettel, ¿Carlos Sainz podría haber conseguido ese podio en vez de haber cometido dos errores garrafales en dos días?

Mirarse en el espejo del alemán

Precisamente su padre le dijo «que cuánto más trabaja, más suerte tiene». Aunque desde su fichaje por Ferrari, la prensa no dejó de señalar la capacidad de trabajo del español, sus primeras pisadas con los de rojo no tuvieron el efecto deseado. Muchas veces necesitas esperar para que el trabajo duro tenga la recompensa, y en el fútbol es una característica esencial al tratarse de un deporte en el que el error tiene mayor protagonismo que el acierto.

¿Cuántos profesionales se han venido abajo cuando las dificultades han llegado? El rendimiento de Vettel se diluyó como un azucarillo cuando la imperfección humana amenazó a su pilotaje, pero el aroma zen asiático puso su granito de arena en el deseado resurgimiento. Al mismo tiempo y, curiosamente, en el mismo territorio, reapareció Gareth Bale para alivio de muchos madridistas con su selección de Gales ante Turquía.

Al igual que alemán, el 11 madridista estaba atrapado en un infierno sostenido del que no podía salir, muy a pesar de haber encontrado algo de paz jugando al golf, aunque para otros supusiera un repertorio genial de chistes hacia su persona. La ocasión se pintó calva cuando envió el penalti a las nubes, pero no hubo nada que impidiese el amor de Gareth hacia su nación.

Ante todo, resiliencia

Ni tan siquiera la mala racha cosechada en las temporadas previas a la Eurocopa 2020 le impidieron imprimir una gran actitud. La capacidad de representar la resistencia galesa a los ininterrumpidos ataques de los suizos en el partido inaugural fueron un simple aperitivo al repertorio de Bale en el encuentro decisivo ante Turquía. El capitán emuló a Vettel ofreciendo una versión deseada en mucho tiempo, ya que no dejó de regatear, presionar, conducir contrataques y de asistir en los goles anotados para que los turcos sucumbieran por 2-0.

Por parte de ambos, se trataron de dos simples pasos para un posible viaje de vuelta hacia el paraíso, que es simplemente competir de la forma que les permitieron ser catalogados como ídolos. No podemos olvidar que Vettel criticó a aquellos deportistas que compiten por disfrutar, aún sabiendo las casi nulas posibilidades de victoria.

Curiosamente, las de Gales siempre han sido escasas, pero siempre se puede exprimir el máximo de tus aptitudes. Por mucho que te pisen y te machaquen, el trabajo eficiente y satisfactorio para tu persona acabará dando tus frutos.

Imagen principal vía: @UEFAcom_es

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