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Diario de una Eurocopa: «apuesto por ti hasta el final»

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Alegoría entre la confianza de mi pareja en mi con el papel notable de la selección española.

Este «Diario de una Eurocopa» comenzó a ser escrito como fruto de un ejercicio de improvisación a principios de junio, justamente cuando estaba sufriendo un momento personal complicado. Una vez más, escribir se había convertido en mi oxígeno para no ahogarme a lo largo de mi día a día cotidiano, pero esta vez quería asumir el complicado reto de publicar un libro sobre el torneo.

A pesar de que puede tratarse de una locura, sabía que contaba con el apoyo necesario, concretamente con quién no titubeó en decirme las siguientes palabras idóneas para levantar el ánimo cuando me miran con resquemor e inutilidad cuando quiero escribir. «Sabes que yo siempre te he dicho que no eras como te vendías y tenías que sacar el tú. Te he hecho pensar en tener una meta, más luego tu voluntad, no necesito mucho más. Repito, yo apuesto y aunque tú no apuestes, te llevaré hasta el final, aunque sea un farol en el póker. Yo no me equivoco». ¿Quién es el ñoña, tía vinagre o yo?

Parece un discurso de Luis Aragonés de antaño para quitarle los complejos de inferioridad al Atlético de Madrid o a la triunfadora selección española del año 2008. Además, dichas palabras también pueden asemejarse a los innumerables actos de defensa por parte de Luis Enrique ante los ataques recibidos hacia sus chicos.

Al fin y al cabo, el fútbol queda expuesto como un modo de definir la cotidianeidad de la vida. Si hablo de mi día a día, debo confesar que necesitaba a alguien que me considerara como la persona más vital de su vida, o por lo menos, con quién pudiera pasar el mayor tiempo posible. Era la señal de que me quería de forma asumiendo mis defectos y virtudes.

Sinceramente, mucha gente hemos tenido el mismo sentimiento hacia un equipo enormemente competitivo. Ganas de disfrutar tocando el balón, disputando cada duelo como si fuera el último y, por supuesto, con imperfecciones como una irritante falta de acierto de cara al gol son sus principales características. Pero claro, muy importante que sea el apoyo profesional, el cariño, la pasión y los te quiero silenciosos cogen cuerpo. Si quieres un apoyo incondicional de cara a tu trayectoria laboral, búscate a un coach o a un manager. 

Si me ciño a mi relación con tía vinagre, arisca y agria, puedo confesar con plena satisfacción que el cuento de Caperucita Roja y el Lobo feroz cuenta con una versión alternativa. Todos los españoles hemos tenido marcado a fuego el documental Rocío, contar la verdad para seguir viva durante la primera parte del año 2021, ya que se narra la historia de una persona que sufrió violencia de género desde su adolescencia.

Mucha gente la ha caracterizado como una vengativa hija de puta y otros como una heroína mientras sacaban tajada para tener satisfechos ciertos intereses que no vienen al caso en este capítulo. Personalmente, sentí pena porque se representó cómo mucha gente en el tema musical Bella y Bestia del rapero Porta. La ilusión del amor romántico de adolescente, posibles infidelidades y seguras inseguridades ante faltas de cariño que acaban contagiando todo el ambiente son algunos puntos en común entre el documental y la canción. Todo ello acaba englobado para dar la razón al te lo dije de muchos padres.

Por el contrario, soy testigo de un ligero cambio de personajes en el cuento tradicional idóneo para simbolizar el papel de España en la Eurocopa 2021. Tradicionalmente, la ilusión de la selección siempre ha sido desbordante en los primeros días ante el juego y resultados. Finalmente, la llegada de errores absurdos terminaría mandándote a casa en el momento más inesperado y antes de lo deseado, siendo catalogado como decepcionante.

Nada más lejos de la realidad, los de Luis Enrique no pararon de sufrir zancadillas. Sufrió la muerte de su hija en plena fase de clasificación y la ruptura de una amistad con su ex ayudante Robert Moreno. Para empezar, la gente veía a los jugadores como «desilusionantes de baja calidad» y, para colmo, sin la compañía de madridistas. Posteriormente, los positivos de Diego Llorente y Sergio Busquets restaron calidad a los entrenos y, a continuación, la falta de acierto propulsó dos pinchazos ante Suecia y Polonia.

Cuando ya mucha gente estaba esperando abrir el matadero, España se clasificó a octavos venciendo a Eslovaquia con brillantez por 5-0. Mucha gente lo veía como un espejismo y sabía que habría errores de bulto con dosis de mala suerte para caer. Unai Simón tuvo el fallo garrafal ante unos croatas que forzaron la prórroga en la prórroga, pero ahí estuvieron los de Lucho para poner un contundente 5-3.

Parecía que la eliminación llegaría ante Suiza tras la igualada de los alpinos y por los penaltis que fallaron Busquets y Rodri en la tanda. Pero Unai Simón y su oficio con los penaltis junto a su gran fútbol dejaron a los de Luis Enrique en semifinales. El rival era feroz Italia que acabó apeándoles desde los 11 metros.

Mucha gente veía que serían vapuleados, pero los españoles miraron a los ojos a los italianos y fueron fieles a su estilo de posesión y presión tras pérdida. Un gol de Morata en el 80 forzó la prórroga, pero los penaltis puso fin al sueño de España. Adiós en semifinales a pesar de haber tenido más ocasiones y más posesión, pero sabiendo que la actuación arbitral fue permisiva con un trasalpinos que solamente vieron una tarjeta amarilla en 120 minutos.

Lejos de escribir una tragedia griega como hicieron periodistas de antaño ante las reiteradas decepciones de la selección, hasta los más críticos aplaudieron a un equipo de los pies a la cabeza. Demostraron cómo no perder vale más que ganar, ya que la Roja aplaudió su vuelta a la batalla por los grandes títulos tras años de travesía por el desierto. No solamente por lo conseguido, sino por la calidad de las relaciones personales dentro del combinado nacional.

Por mi parte, siento cómo la unión en nuestro día a día, la capacidad de decir te quiero sin articular las palabras ni tan siquiera abrazarme, nuestras conversaciones, nuestra capacidad de solucionar nuestros problemas de puertas hacia dentro y, sobre todo, la habilidad una metafórica palmada en la espalda para vivir el presente me lleva a catalogar a «tía vinagre» como a la persona que más quiero en el mundo.

Luis Enrique hizo lo propio con sus chicos, y no para sentirnos orgullosos de haber mejorado nuestro pasado y esperar ansiosos nuestro futuros, simplemente para disfrutar del día a día. Desde mi humilde opinión, lo consiguió el técnico asturiano cuando todo un país gritó orgásmicamente los goles ante Croacia, el pase de España a semifinales por penaltis o el gol de Morata para forzar la prórroga ante Italia.

Son instantes que viví enormemente y me llenaron de felicidad, por mucho que llegasen las preocupaciones. Tal y cómo indiqué anteriormente, mi cuento goza de una trama alternativa, ya que las personas tendentes a tatuarse el te lo dije, no te saldría bien no han dejado de chocar argumentalmente con el poder de «dos niñatos que no conocen del todo el amor porque todavía no han convivido».

Nuestro sentido común como el de unos jugadores semifinalistas han sido testigo de derrotar a pensamientos irracionales llenos de bilis. A 7 de julio, ni ellos ni nosotros sabemos cuál es nuestro futuro, y es tentador de pensar ansiosamente sobre él, pero lo más sano es tirar de carpe diem. Si ella dijo que apostaba por mi hasta el final, no lo hace por cabezonería, simplemente que disfruta día a día conmigo. Como Luis Enrique con los chicos que llama en las concentraciones.

Imagen principal vía: @SeFutbol.

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