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Diario de una Eurocopa: agotados los marcapasos… y las excusas

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Reportaje sobre la vorágine de críticas y de nervios sufridos en esta Eurocopa con la selección española.

A semifinales. Una preposición y un sustantivo común y abstracto salieron de mi boca a pulmón abierto mientras  abrazaba efusivamente a mis compañeros infatigables de batallitas de bar y a la camarera que tantas cervezas nos ha servido con su carácter sabrosón y sonrisa contagiosa.

Nos pidió que viniésemos por tercera vez a su establecimiento hostelero, amenazándonos con ponernos falta. Por una vez, volvíamos al colegio, y no era para menos. Mi hermana, mi amigo Dani, colchonero hasta las trancas y servidor fuimos con las mismas vestimentas que llevamos para sufrir ante Croacia y disfrutar de la placentera goleada de España encuentro ante Eslovaquia.

No termina el sufrimiento

Dani, como siempre, volvió a decirme que vamos a sufrir, que ya está acostumbrado con su Atlético de Madrid, equipo experto en ganar ligas en la última jornada poniendo los huevos de corbata a sus seguidores. Había que hacer caso a sus pensamientos, ya que fue la única persona capaz de apostar por la victoria de Suiza ante Francia mientras le tomábamos por locos.

No obstante, a pesar de percatarnos de la veracidad de sus palabras porque Suiza puso en jaque la salud cardiaca de la población española, queríamos un poco de calma tras haber estado viviendo estoicamente la incertidumbre de la jornada de Eurocopa perteneciente al lunes 28 de junio. En medio de la prórroga del Francia-Suiza dije a la camarera Gema: «necesitamos un marcapasos, ¿invita la casa?»

Aunque todo apuntaba a tranquilidad

Parecía que no lo íbamos a necesitar cuando Jordi Alba puso el primer tanto en un disparo a media distancia que despejó la defensa suiza. Después de haber gritado el gol con la pasión que siento hacia mi país y su ideología de fútbol, la tranquilidad imperó, pero el exceso de prudencia en el juego acabó provocando que los suizos se subieran a las barbas y forzasen la prórroga.

Posteriormente, la rabia porque las ocasiones de una España dominadora en la prórroga no entraban, la incertidumbre y sufrimiento con los fallos de los españoles en los penaltis y la posterior victoria gracias a Unai Simón terminaron dejando a la población sin marcapasos. Unos porque dependen directamente o indirectamente de la victoria, entre ellos yo porque un gran papel de mi selección supondría mayor cantidad de libros vendidos, y otros porque se encontraban sedientos de alegrías tras un periodo difícil con la inesperada aparición del COVID-19.

De hecho, daba igual que las amenazas de nuevas variantes nos quisieran causar más quebraderos de cabeza. Los abrazos y los fuertes choque de manos con mi hermana y mi amiga Cristina no cesaron. Ellas, junto a «tía vinagre», se animaron al tradicional rito que iniciamos en el partido Francia-Alemania, cosa que no hizo otro muchacho cercano a nosotros. No le gusta el deporte, pero ni tan siquiera decidió animarse para saciar la necesidad que tenemos de buscar calor humano.

Vivan los abrazos

Para ser exactos, ¿Qué podía esperar de una persona capaz de despreciar ciertos establecimientos hosteleros, incluido el que da de comer a mi moza, en medio de la quedada y delante de los camareros? Sinceramente, su cabeza le hubiera dado vueltas de la rabia que hubiera tenido que contener, al igual  mucha gente contagiada del miedo irracional y/o hipócrita al vernos abrazados como una gran familia ante un deseo común.

Curiosamente, no tiene reparo alguno a irse a comer a locales cuya higiene es directamente proporcional a la viabilidad del comunismo como modelo político-económico, y a tener relaciones sexuales con su supuesta novia. Parece que las fuerzas de rozamiento entre los aparatos reproductores tienen la inmunidad aportada por las diferentes vacunas inyectadas, y nosotros sin saberlo.

Doble moral en el fútbol…, y en la vida

Este nivel de contradicciones insultantes para la inteligencia humana volvió a percibirse en las opiniones de los principales periodistas españoles. Después de que el karma mandase facturas a mansalva tras la brillante victoria de España ante Croacia en octavos de final, parecía posible una subida de mucha gente al barco de Luis Enrique, quizás un tanto oportunista, pero a fin de cuentas, un halo de unión en un mes inolvidable.

Por supuesto que siempre debe haber cabida para las críticas, ya que es el motor que nos lleva a mejorar. Sin la presencia de «tía vinagre», yo no hubiera podido dar un paso al frente en mis artículos y no tener miedo a criticar severamente todo lo que me enojaba, pero sin renunciar a la elegancia que tanto adoro de mis escritos. En la misma medida, se debe poner los puntos sobre las vocales pertinentes, concretamente en la bajada de ritmo en la velocidad de balón con 1-0 en el marcador y la falta de puntería que tantos micro infartos nos causan.

Respeta a tu rival revisando tus errores

Pero una cosa es puntualizar en aspectos a mejorar, y escribo en términos de puntualización porque tenemos que ser sinceros. Cómo le dijo Toni Nadal a su sobrino Rafa: «no pretenderás jugar la final de Rolang Garros o contra Federer y que el partido sea fácil». Ciñéndonos a la Eurocopa, no podemos pretender llegar a cuartos de final y que el partido se venza con una facilidad orgásmica. Por mucho que se prefiriera a Suiza que a la poderosa Francia de Pogba, Mbappe, Griezmann, Benzema o Kanté, los méritos alaban a los equipos ubicados entre los ocho mejores.

Unos pueden demostrar poderío a base de testosterona y fútbol y otros mediante suerte cargada de sufrimiento a lo Grecia y Portugal en 2004 y 2016 respectivamente, pero no buscan un billete en semifinales como fruto del azar. Cabe recordar que República Checa eliminó a la prometedora Holanda, Hungría llegó a apretar las clavijas a Alemania, Portugal y Francia en el grupo de la muerte. Incluso Italia necesitó una prórroga y que el VAR le anulase un gol a Austria para pasar a cuartos y, posteriormente, a semifinales ante Bélgica.

Nosotros somos «malos», y ellos peores…

Pero siempre conviene faltar reiteradamente el respeto a la selección, llegando a mofarse de la mismo diciendo que tiene nivel de EGB –de niño de Educación Primaria-, que gana cómo el Real Madrid las tres últimas Champions o que Luis Enrique debería estar tapadito después de la ajustada victoria y con errores a solventar.

Su educación y sentido del respeto brilló por su ausencia. ¿Cómo narices se atrevieron a comparar el juego de unos niños con el juego de jugadores de talla mundial?  Sinceramente, me paso el sentido metafórico de la expresión por el arco del triunfo porque ese argumento demostró que los señores tan idolatrados por cuñados camuflados en una supuesta vida metrosexual faltaron el respeto a todo rival que se enfrentara a España.

Claro, si el conjunto español tuvo un juego de benjamines de fútbol base y le sirvió para ganar. Entonces, ¿consideraron que Suiza tenía el mismo nivel de juego que de un par de niños jugando en un plato de colegio y por ende, España debía vencerle recién salido del autobús? Si días atrás se consideraban a los suizos como héroes por haber eliminado a la Campeona del Mundo, Francia.  Va a ser que los galos levantaron la Copa Mundial contra el equipo de Piqueritas -el perro de «tía vinagre»- y su familia canina.

¿Seguro que son madridistas?

Además, según ellos, España sin gente del Real Madrid fue una muestra de que Luis Enrique no era meritocrático, ya que se estaba comportando como vengativo y catalanista de mierda. Supuestamente les iría mal porque le restaría calidad al equipo, pero misteriosamente, ponen de chapuceros los partidos del equipo a la altura «de los éxitos del Real Madrid». Me encanta el sentido común del discurso de ciertos “hinformadores” que piden madridistas, pero no les gusta la supuesta épica con la que su equipo y su país consiguen ser exitosos.

Resulta entrañable recordar cómo la España de Vicente Del Bosque venció 1-0 todos los partidos de eliminatoria y venció 2-1 de milagro a Chile para no pasar de ronda. Chile y Paraguay les dieron un baño táctico, el equipo español también falló una gran cantidad de ocasiones y las posesiones defensivas aparecieron como los Tentacool haciendo surf en diferentes juegos de Pokémon.

Salvo el primer encuentro en el que se perdió injustamente contra Suiza, todos eran elogios y la complacencia fue sucedida por un batacazo kilométrico en el Mundial de 2014 cayendo en primera fase y superados con claridad por Holanda (1-5) y Chile (0-2). Ojo, los jugadores tenían un grado de madurez futbolística mayor que el ostentado por la piña formada por Luis Enrique en junio de 2021.

Menuda memoria de pez

Habiendo realizado una revisión de literatura, mayoritariamente poco atractiva para mis ojos y mi cerebro, podemos decir que no hay excusas para catalogar de fracasada a la selección española del técnico asturiano. La semifinal te ubica entre los mejores para exponerte a que la lotería o, en su defecto, la diosa Fortuna marque diferentes en un paraíso deseado por todo equipo de leyenda.

Ganar un triplete como se hizo entre 2008 y 2012 resulta complicado por la impredecibilidad de resultados en torneos del KO tan abiertos para los 24-32 rivales participantes. Sin ir más lejos, Francia tardó 20 años en ser Campeón del Mundo y Alemania e Italia necesitaron otros 24. Pero si es factible tener la regularidad de la Alemania de Löw o la España de Sergio Scariolo de baloncesto que se permitieron el lujo de pisar la semifinal en una gran cantidad de torneos consecutivos.

Por tanto, no hay excusas para desprestigiar la labor de una selección que pasará a la Historia. Aunque el fútbol se trata de ganar, ganar y ganar, no menos cierto es que las pequeñas batallitas ganadas saben a gloria, y te hacen gritar: toma, toma, toma, a lo Rafa Nadal. Si se agotan marcapasos, vamos a cuidar nuestro corazón valorando lo conseguido.

Imagen principal vía: @Linares_Dptvo

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