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Diario de un Eurocopa: espectáculo contra vergüenza

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Capítulo sobre las sensaciones que generaron el debut de la selección española en la Eurocopa 2020.

Una persona conoce cuáles son sus pasiones si su corazón aumenta la velocidad, las mariposas comienzan a circular por el estómago y los escalofríos intervienen en nuestro estado corporal. Este cúmulo de sensaciones las notaba cuando comenzó la tercera semana de junio de 2021, ya que la selección española realizaría su debut en la Eurocopa 2020 ante Suecia.

Las horas se hacían eternas hasta el dichoso día, y no solamente porque predico un gran sentimiento patriota por mi país y por un equipo aferrado a una filosofía cruyffista de fútbol total, también porque dicho encuentro supondría una calurosa cena familiar en la que el encuentro acabaría actuando como espectador de fondo.

Fútbol, motivo de ilusión

Al fin y al cabo, la población española siempre se ha caracterizado por su marcada sociabilidad, sobre todo para ver el fútbol. Recuerdo un capítulo de Cuéntame como pasó en el que María Galiana interpretando a Herminia comentaba que prefería ver a los hombres encandilados por el fútbol que irse a beber en locales con a saber qué personas. Curiosamente, yo opté por usar el fútbol como un medio para unir a mi entorno familiar más cercano y a compartir con ellos el amor hacia un deporte, un estilo de juego y una nación.

El himno previo al encuentro hacía que la espera se antojara interminable mientras que el bello se ponía de punta. Tu cabeza comenzaba a unir el corazón y el raciocinio para imaginar un día de gloria, ya que había motivos para soñar debido a la espectacularidad de la jornada en los encuentros anteriores al de España. Si el dinamismo y la incertidumbre entre el HolandaUcrania dejaron entrever que el espectáculo es posible si surge la unión con la magia de la niñez, los choques anteriores al encuentro de España no decepcionaron.

Inicio ilusionante

Cabe recordar que el periodista youtuber Iñaki Angulo confirmó que la primera fase de la Eurocopa tendría una incidencia escasa en su contenido audiovisual debido a un nivel «bajo» de muchos encuentros de la primera fase. Nada más lejos de la realidad, la cultura del esfuerzo acechó en el EscociaRepública Checa (0-2) y en el PoloniaEslovaquia (1-2).

Los rivales salieron decididos a disfrutar, sin olvidar la necesidad fisiológica de ganar en un torneo en el que cada partido es una final. El mero hecho de quemar la gasolina de la adrenalina acabó ofreciendo un espectáculo en forma de ocasiones y alternativas de juego. La puntería acabó dándoles el triunfo a los eslovacos y a los checos, sobre todo a estos últimos que metieron el gol del Campeonato al enchufar la pelota desde el centro del campo a la red.

La jugada fue de dibujos animados y sentía la esperanza de que el aire fuese en la misma dirección o, en su defecto, que los locos bajitos españoles estuvieran cargados de adrenalina. Dicho y hecho, todas las imágenes positivas que imaginaban mi cabeza en forma de exhibición futbolística se hicieron realidad durante la primera parte. Coordinación, concentración máxima y mejores dibujos geométricos con el balón con tal de llevar la meta rival, pero el gol no llegó.

El buen fútbol parecía que se iba a convertir en un preludio de una cantidad de goles propicia para subir la autoestima de la afición española. Pero el estadio hispalense de La Cartuja comenzó a soltar un viento en contra representado por el bochorno. Pueden parecer dos términos contrapuestos, pero totalmente disponibles en una afición que pasó de gritar el lo lo lo lo a pitar a un Álvaro Morata que no tuvo el acierto deseado de cara al gol.

…lanzallamas de la afición

Además del calor en Andalucía junto a la hostilidad hacia Morata, el bajón llegó en la segunda parte durante los primeros minutos por parte de los chicos de Luis Enrique. Por si fuera poco, el contrincante sueco sabía que los cambios por parte de los españoles volverían al vendaval, lo que supuso acudir al rastrero juego de perder el tiempo para cortar el ritmo de juego.

Precisamente el mero hecho de ver cómo el juego no paraba de detenerse por el modus operandi sueco me hizo estallar en cólera. El bochorno estaba superando con enorme claridad al espectáculo del juego de España y a los electrizantes partidos de la jornada vistos anteriormente y, sinceramente, mi sofocón fue enorme.

Evidentemente, no llegué a llorar como me ocurrió en 2006 cuando Francia apeó a España en octavos, pero mi corazón lanzó latidos de rabia por el conjunto de sucesos desagradables para mi persona. Recuerdo a Laura consolándome y, sobre todo, pidiéndome que comprendiese que las pérdidas de tiempo de los suecos ocurrió en otros encuentros, pero que mi subjetividad me cegaba. Más bien, a uno le fastidia que su equipo se sienta sometido ante las fórmulas destructoras de obras artísticas, por mucho que estas siempre tengan mucho margen de mejora. Pero todo puede dar saltos de calidad si el espectáculo prima sobre cualquier asunto.

Imagen principal vía: @SeFutbol

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