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Delfines, presidentes en el campo y la solución

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Héroe culé desde hace más de diez años, Gerard Piqué se ha convertido, sin apenas darnos cuenta, en la persona con más poder de todo el Barcelona. La responsabilidad, como en casi todo lo que pasa en el fútbol, la tiene el aficionado.

El último asalto de esta incesante guerra entre vestuario y directiva que existe en can Barça ha destapado todos los trapos sucios. Por un lado, una directiva liderada por un presidente que solo quiere encontrar un delfín que le asegure que su «proyecto» siga seis años más. Por el otro, una club de amigos que parece empeñado en convertir al que fue en su día el mejor club del mundo en el nuevo Milán. Este núcleo fuerte de jugadores egocéntricos tiene un líder tan evidente que sobra escribir el nombre.

Gerard Piqué ha sido el héroe culé de la última década. El que siempre ha dado la cara. El que nunca se ha achantado ante los medios de comunicación de la capital. Con el pasar de los años, la figura de Piqué ha ido logrando cada vez más notoriedad, sobre todo fuera de los terrenos de juego. Se ha convertido en empresario de éxito mundial, organizador de torneos de tenis, activista político, productor de documentales… todo mientras que ha sido titular indiscutible en la defensa azulgrana desde hace ya once años. La parte desagradable del asunto llega cuando nos damos cuenta de que hay que añadir un nuevo cargo a la larga lista: presidente del FC Barcelona.

Piqué y Bartomeu
Piqué y Bartomeu, en el acto de renovación del central – Imagen vía: Getty Images 

Bartomeu siempre ha tenido una actitud conformista, alejada del cruyffismo, ante los problemas en los que se ha ido metiendo el club. Todos aquellos problemas han sucedido por dos razones: su ineptitud y el poder brindado a los jugadores. Cabe matizar que cuando decimos «Bartomeu» nos referimos a toda su inestable junta directiva. El poder que ha logrado cosechar el núcleo fuerte del vestuario es la herencia de Bartomeu: un grupo de futbolistas que hacen y deshacen fichajes a su antojo, que exigen renovaciones aún dando un pésimo rendimiento sobre el terreno de juego, que afirman barbaridades sin miramientos ante la prensa…

El caso de Piqué es el más relevante porque es el futbolista que más se moja de la plantilla. En el caso Neymar, sobre el reciente (y muy necesario) artículo de Mundo Deportivo, en los asuntos que deberían corresponder al cuerpo técnico… El central catalán ha cosechado un poder brindado por los propios culés y por la junta directiva que le hace ser el presidente del club, aun siendo jugador. Esta bola solo puede crecer, al menos, hasta las próximas elecciones. Alguien (más bien, algo) debe marcar una línea clara entre el campo y los despachos. Esa solución, como todo en la reciente historia del Barcelona, es una filosofía que lleva el nombre de un holandés.

Imagen vía: Getty Images

Imagen principal: Getty Images

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