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Defender a un club es defender al fútbol

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Artículo de opinión sobre la necesidad de defender a un club en detrimento de la actitud de Eden Hazard.

El hecho de ver a Eden Hazard riendo efusivamente con ex compañeros del Chelsea minutos después de haber sido eliminado su equipo, el Real Madrid, despertó el cólera por parte de la prensa española y, por supuesto, la afición madridista. No obstante, esa es la punta del iceberg del fracaso de un fichaje por el que el conjunto blanco invirtió más de 100 millones de euros.

No solamente llegó con unos kilos de más a la parroquia blanca, también se percibió una irregularidad extrema en la que las lesiones no dejaron de aparecer. Y cuando lo hizo, la gente echó en falta su desparpajo para sortear rivales y su velocidad como principales fuerzas desequilibrantes.

La maldición de los dorsales

Al igual que ocurrió con grandes apuestas en el pasado como Kaká, Secretario o Robinho, la alta ficha, la presión y la profesionalidad no tuvieron el efecto deseado por la afición.

Bien es cierto que su dorsal, el 7, ostenta una Historia complicada de continuar, ya que el pundonor de Juanito, la lucha de Raúl, y el superlativo rendimiento de Cristiano Ronaldo acechan en tus entrañas. Al fin y al cabo, la afición suele recordar aquellas noches mágicas, olvidando que cada alma piensa, siente y padece diferente.

La relatividad de los precios

Precisamente la diferencia de mentalidad de cada individuo catalogado como persona única lleva a propiciar fracasos sonoros. Porque si Cristiano Ronaldo parecía que había costado mucho dinero y acabó «siendo barato» debido a su rendimiento, Eden Hazard acabó participando en el azote económico sufrido por el club blanco debido a su escaso rendimiento.

Mucha gente puede hablar de mala suerte a consecuencia de las lesiones sufridas, mientras que existen críticos ansiosos de bilis, dispuestos a achacar una falta de profesionalidad y compromiso, sobre todo a la hora de cuidarse en términos de descanso y alimentación.

Resulta complicado juzgar algo de lo que uno no tiene unos datos que se deberían conseguir indagando en la intimidad de una persona. Pero la realidad dejó entrever que pesó la Historia, ya que las crónicas no pudieron destacar regates, goles y asistencias que tanto deseaba.

Porque tal y cómo dijo Don Santiago Bernabéu, la camiseta se ensucia de sangre, pero no de vergüenza. Y estar de risas tras haber sido apeados con contundencia ante el Chelsea denotaron la falta de amor a un club y, sobre todo, la lealtad.

El club y la afición están por encima de todo

Al fin y cabo, por mucho perdón que existiese, el daño está hecho, concretamente para millones de gargantas madridistas que han posibilitado que el blanco madrileño lleve el peso de la Historia del fútbol.

Por si fuera poco, la decepción de Hazard no ha sido la única que ha existido en el planeta fútbol. Quizás resulte más dolorosa la del belga, ya que el Real Madrid vio perder parte del capital de sus socios en alguien que no mostró compromiso. Pero en tiempos de pandemia, la falta de profesionalidad de figurines pueden peligrar el capital de accionistas que por mucho dinero que tengan, no tienen la máquina de imprimir billete.

Desafortunadamente, podemos «comprender» que el dinero llega a corromper la bondad del ser humano. Sin embargo, la preocupación radica en que los propios aficionados que ven perder su dinero en posibles pagas vitalicias, idolatran a estrellas por encima de clubes.

Porque la renovación de Neymar por el PSG o los tiras y afloja de Sergio Ramos desvelaron como los clubes quedan catalogados como entidades sin empatía. Pero la realidad es que equipos como el Real Madrid, F.C. Barcelona o Juventus de Turín han forjado su historia a través de un amor incondicional que va desde presidentes a afición, que permiten dárselo todo a niños que ven mejorar sus vidas.

Imagen principal vía: @hazardeden10.

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