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Diario de unos JJOO: «El éxito está en los marcapasos»

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Artículo de opinión sobre el verdadero significado del éxito de España en los JJOO de Tokio.

Un sonoro golpe sobre mi pierna sonó cuando la galopada de Malcom fue culminada en gol y, en consecuencia, el definitivo 2-1 favorable a Brasil contra España. Una vez más, y por 25º año seguido, se escapó otro oro a uno de los deportes de equipo de la delegación española. Precisamente el último fue conseguido por la selección española de waterpolo de los Manel Estiarte, Pedro García Aguado, Miki Oca, Jesús Rollán y compañía.

Aquella generación formada por catalanes y madrileños sintieron cómo sus corazones terminaron desgarrándose cuando perdieron por 9-8 contra Italia en las piscinas de La Picornell en Barcelona. Lloraron desconsoladamente por haber perdido el oro delante de su gente, que a pesar de poder comentar alegremente «un segundo está genial», no somos piedras y nos duelen las derrotas, sea cuál sea el temperamento.

Querer más sin valorar lo que se tiene

Por supuesto que prefería escuchar el himno de España por haber conquistado el ansiado primer puesto en fútbol, al igual que en balonmano en vez de un meritorio bronce ante Egipto o en piragüismo por equipos. Ojalá la quinta medalla de Saúl Craviotto hubiera sido de oro y no de plata, pero la vida consiste en tener frustraciones compensadas con regalos sorpresas inimaginables para la felicidad ajena.

Sinceramente, muchos deportistas con la medalla de chocolate hubiesen tenido haber obtenido alguna presa olímpica, aunque no fuese de oro. Cómo dolió ver a Marc Tur perder el bronce en los 50 km marcha a falta de 100 metros mientras estaba cerca de caer redondo por la pájara acumulada, al igual que a una María Pérez que le faltaron metros para obtener la tercera plaza. También se escaparon dos metales en vela por márgenes escasos, al igual que a Mireia Belmonte en la prueba que se sintió competitiva y a Eusebio Cáceres en Atletismo.

El tiempo dice mucho, pero no todo

Dolió ver cómo aquellos detalles podrían haber permitido que la bandera española igualara o sonara más que las 22 veces que sonó en los míticos JJOO de Barcelona en 1992. Pero acabaron poniéndose a la altura de las conseguidas en las olimpiadas celebradas en el siglo XXI, es decir, entre 17 y 19. Mi amigo Dani, o mejor dicho, compañero de fatiga y generoso por regalarme sus marcapasos, me dijo tajantemente que es un mal resultado para España.

Su cabezonería es tal que resulta prácticamente imposible quitarle la razón. Pero si el chaval mostró terquedad en sus argumentos durante los quince días de competición olímpica, era porque tenía motivos para no desmarcarse de sus conclusiones. Consideraba que se nos habían escapado muchos metales y, sin duda, no le faltaba razón, mientras que otros países como Italia, Suiza o Gran Bretaña contaron con mayores posibilidades de medallas y las aprovecharon holgadamente.

Valoremos lo conseguido

Mi acuerdo con esa postura siempre fue total, tanto como el del mayor de mi pandilla, José Vicente, o mejor dicho, Chevi, nacido en 1988, cuando hizo una llamada a poner los pies en el suelo pidiéndonos que valorásemos los éxitos de los deportistas españoles. Nos recordó que los triunfos en los JJOO como en las disciplinas restantes aparecían a cuentagotas hasta la llegada del verano de nuestros sueños en Barcelona.

Sin duda, es cierto, pero uno siempre debe mirar hacia la búsqueda de la superación sobre lo conseguido. No obstante, las prácticas del vampirismo hacia uno mismo pueden destruir todo lo conseguido. Por ejemplo, la sensación de nerviosismo idónea para incluir la palabra marcapasos en mis expresiones coloquiales acechó en atletismo, tanto en los km marcha, en los 800 metros con una quinta plaza de Adrián Ben, el mismo puesto de Adel Mechaal en los 1500 metros o el octavo puesto de Mohamed Katir en la emblemática prueba de los 5000 metros.

Atletismo, la mejor sorpresa

¿Quién nos iba a decir que sufriríamos exageradamente en unas pruebas predestinadas para llenar de alegrías a atletas africanos o centroamericanos? Es cierto que Italia comenzó a escarbar metales en territorio aparentemente desconocido, pero sabe bien encontrar motivos para comprar marcapasos cada vez que toca competir en Atletismo, al igual que ocurrió en Boxeo. Desafortunadamente, no pudimos decir lo mismo en Natación, Ciclismo, Hípica o Tiro con Arco.

Por supuesto que fastidia no ver a España más cerca del top 10 que del top 25 en el Medallero, ya que a fin de cuentas, los números de podios puntúan y seleccionan las posiciones de cada nacionalidad. Del mismo modo, las notas terminan dando una plaza de funcionario en la docencia, cuerpo de policías o abogado del estado, en una centro universitario o para acceder a una beca, pero nadie merece autodestruirse por una simple calificación.

Nadie vale por una nota, pero si necesita puntuaciones notables para ir demostrando la valía, o al menos, que tu cuerpo tenga una tensión considerada, pero que permita recordar con una sonrisa lo vivido en el momento que tocó vivir dicha situación de incertidumbre.

Competir es el oro de cada día

Yéndonos al panorama personal, o mejor dicho, a mi grupo de amigos, resulta irritante que una amiga optó por ir a revisión después de haber sacado un 9,75 en un examen de Filología hispánica. Además, decidió dejar muchas asignaturas para la convocatoria extraordinaria, o incluso dejársela para el año próximo porque no llegaba al notable. ¿Qué esperamos de alguien que llegó a darse latigazos por considerar su nota media como «baja» cuando su expediente académico estaba en un 8?

Sin duda, el 10 es la búsqueda de todo deportista, como médico, militar o policía que buscan la excelencia numérica en sus objetivos. Pero también hace falta tolerar la frustración valorando procesos, dejando en detrimento el hecho de confundir autoexigencia con resultadismo tóxico. No siempre se gana en la vida, pero resulta inviable que uno desprecie lo cosechado, ni tampoco bajar los brazos cuando se antoja complicado la consecución del objetivo.

Honestamente ,no imagino a Adel Mechaal parándose en seco, o mejor dicho, no presentándose a la final porque quizás no fuera a pasar de la quinta plaza, sino peleando con orgullo por la medalla. No la consiguió, y si lo hizo la selección de fútbol, pero ambos, como los 17 presas y los más de 30 diplomas conseguidos nos llevó a arramblar con la fábrica de marcapasos. Eso es lo que importa, y lo demás son tonterías.

 

Imagen principal vía: @COE

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