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Cuando una «madre» te lleva a unir Literatura y Fórmula 1

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Ensayo sobre cómo la Literatura, las influencias personales, el Arte y la Fórmula 1 pueden coexistir en la misma dirección

El periodismo deportivo en España abrió el siglo XXI en un mar de dudas debido al incremento de forofos ultras en los principales medios de comunicación y la compra de los espacios informativos por parte de mandatarios del planeta fútbol.

Posteriormente, la llegada de Fernando Alonso a la Fórmula 1 y el posterior aumento de popularidad de dicha competición en este deporte parecía abrir una nueva veda en el periodismo deportivo. Nada más lejos de la realidad, el equipo periodístico de Antonio Lobato optó por tratar al asturiano como dios divino y, por supuesto, a despotricar sin filtro a rivales del propio Fernando como Michael Schumacher, Kimi Räikkönen, Lewis Hamilton o Sebastian Vettel. 

El éxito ante un problema

Ante este panorama, resulta complicado darle uso al teclado despejando la intranquilidad que supone saber la existencia de una posible venta de tu ética personal y profesional. Pero siempre hay momentos en los que una determinada voz anónima, pero tremendamente cercana al mundo que contempla tu ser acaba actuando como guía espiritual. Uno de ellos acechó en mi vida proponiéndome realizar literatura periodística centrada en el deporte en el que, por supuesto, podía utilizarse para la Fórmula 1.

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Sin duda, se trataba de un reto mayúsculo, ya que tocaba viajar a lo desconocido embelleciendo todo lo que acontece en un espectáculo lleno de negocios y tramas de toda índole. Para ello, tocaba buscar una guía y siempre hay maestros de los que aprender para deformar tu yo interior y construir otro que permita entender el placer de todo piloto de Fórmula 1 mientras conduce a más de 300 km/h.

Porque la velocidad otorga una adrenalina que es tremendamente adictiva que te lleva a flotar a pesar de tener las pulsaciones a un ritmo endiablado. Precisamente la sensación de flotar se puede sentir cuando uno no tiene filtro al escribir como si estuviese hablando con la relajación que puede hacerlo en su grupo de amigos. Manuel Juliá es un mero ejemplo de ello, ya que es una de las personas que ha puesto piedras importantes en el desarrollo de la literatura deportiva en España.

A reencarnar una herencia con tu propio ADN

Simplemente, servidor solamente quiere dejar el legado de continuar esta labor de darle un hueco al deporte como arte literario, porque no solamente hay modo de contar las cosas, sino ver si la Fórmula 1 es merecedora de ser contada. Además del plano empresarial y su capacidad de incentivar la innovación en términos empresariales, tecnológicos, científicos, psicológicos y nutricionales, entre otras cosas, hay también razones para creer que son una oda a la mejora literaria y al Arte de la estrategia.

¿Por qué mucha gente ha comenzado a amar el ajedrez ante la llegada de la serie Gambito de dama, llegando a valorar los modus operandi de jugadores como Capablanca o Kaspárov y no podemos hacer lo propio con deportes como el fútbol y, sobre todo, la Fórmula 1? Parece que el deporte queda prostituido ante intereses totalmente ajenos al deporte, y cuando la opacidad impera, la literatura muere.

No obstante, siempre hay libros que inspiran, como el de Madre de mi amigo Manuel Juliá o conciertos como el de la artista profesional clásica Silvia Nogales en la Fundación Juan March. Si mi amiga la guitarrista enseña cómo un sonido puede cautivar sosiego a pesar del desconocimiento, la Fórmula 1 puede llevarte a entrometerte dentro del supuesto aburrimiento para dar paso a las sensaciones. En la misma medida, Manuel fue capaz de simbolizar el símbolo de madre a partir de la persona que le parió para mostrar como existen personas que te crían para dejar huella.

La simbolización: de la Literatura…, al asfalto

Tu madre te da parte de su ADN para moverte en la porción del universo existente con vida, pero su connotación abraza al simbolismo, sobre todo cuando terminas por heredar ciertos caracteres de la persona predecesora. Manuel cuenta en su poemario Madre lo siguiente: «llego a pensar que no has muerto, que moriste ayer para estar vivo hoy. No has muerto, padre, porque me he vuelto tú». Quizás cuando escriba esto, la literatura de Manuel se encuentra en auge, pero es todo un honor hacerlo aprendiendo de lo mejor de su esencia para incorporarlo en mi yo que no ama otra cosa que amar ver cómo la estrategia, el arte y la innovación acechan en los circuitos.

Y si todo esto tiene lugar juntando el pasado y el futuro, el espectáculo está más que hecho. Imola volvió en la pandemia y, a ser posible, para quedarse. Al fin y al cabo, la pista trasalpina marca la existencia de universos paralelos que marcan este elemento físico que llamamos tiempo, sustantivo dispuesto a seguir manteniendo la esencia durante el resto de los años.

 

Imagen vía: @autodromoimola

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