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Cuando ser eterno se torna una maldición

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Se dice que en Anfield se perdieron dos títulos. La hecatombe culé en la cumbre de la temporada ha dejado a la afición dividida. De entre todas las críticas, parte de la grada señala a Leo Messi como uno de los responsables.

La ‘Pulga’ ha dejado tanta huella en el fútbol que se le han acabado los adjetivos. Su legado quedará para la historia en los libros del fútbol y dentro de unos años podremos decir con orgullo a nuestros descendientes: «yo vi jugar a Messi».

A mí me gusta decir que somos «La Generación Consentida». En el calendario culé los años se calculan antes de Guardiola (a.G.) y después de él (d.G.). No es justo desmerecer los años de Cruyff en el banquillo azulgrana, pero desde que el técnico de Santpedor lideró el Barça, se ha descubierto toda una religión. No se entiende el fútbol moderno sin Guardiola. Fue bajo su tutela que salieron jugadores como Puyol, Xavi e Iniesta. Pero con el respeto de todos ellos, Leo Messi ha demostrado ser el único hombre en la faz de la Tierra capaz de estar por encima de toda expectativa posible. No existen barreras para el argentino.

Resultat d'imatges de messi y guardiola
Imagen extraída de Mundo Deportivo

Pero a veces la regularidad puede ser un arma de doble filo. En el barcelonismo conviven dos tipos de aficionado. El primero es el que aplaude las victorias y condena las derrotas. Representa la parte oscura del deporte. El resultadismo es una de las lacras de la hinchada contemporánea. El fútbol es espectáculo, los abonados pagan su sillón para disfrutar de una hora y media de entretenimiento. Entristece ver que una visión tan simplista de entenderlo puede estar tan generalizada.

El segundo es el que analiza, debate y opina. El racional. Y no hay nada más bonito que mirar más allá del marcador, de reconocer las virtudes del rival y de ser constructivos con nuestros propios fallos. Pero «La Generación Consentida» es un niño malcriado que no está acostumbrado a perder. Nos focalizamos en la victoria dejando atrás la verdadera magia de este deporte. No sabemos lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo. No apreciamos lo que cuesta ganar un título, ¡que se lo digan a nuestros abuelos!

Resultat d'imatges de camp nou
Imagen extraída de la web oficial del FC Barcelona

En el momento en el que el pilar de la época dorada del fútbol se encuentra en el epicentro de las críticas vemos que algo no va bien. Descarado en el campo, humilde fuera de él, Messi es un futbolista que desde infantiles ha ido escalando categorías en el Barça hasta alcanzar la de eterno.

Ese es su adjetivo. Eterno. Porque siempre está presente, porque en las mentes de todos los culés aparece la imagen del argentino cuando las cosas se tuercen. «Aún nos queda Messi», pensamos. Pero Leo no siempre es garantía de triunfo, Leo es humano. Debemos dejar de pensar que levita y aceptar que él sólo no puede jugar contra 11 jugadores.

Resultat d'imatges de leo messi con sus hijos

El barcelonismo anda falto del segundo tipo de aficionado. Hace falta autocrítica, pero no una apocalíptica, sino realista y constructiva. Necesitamos amantes del deporte, no hooligans como los 23 detenidos por altercados en las calles de Sevilla. Porque animar está por encima del griterío y del conflicto, la enemistad cesa en el pitido final.

Una afición sana es el mejor trofeo que puede ganar un equipo. El fútbol nos ha dejado momentos como el You will never walk alone del Liverpool, el Tornarem del Girona o los aplausos a Ronaldinho en el Bernabéu. Pero sigue quedando un largo camino hasta la erradicación del fanatismo más rancio. Mientras tanto: fútbol, fútbol y más fútbol.

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