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Contradiciendo a Cervantes

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El Atlético de Madrid volvió a pagar cara una mala primera mitad contra el Sevilla y cosechó el segundo empate consecutivo en LaLiga.

Por todos es conocida la expresión «nunca segundas partes fueron buenas». Sin embargo, muy pocos saben de su origen, que radica en la segunda parte del Quijote, obra magna de Miguel de Cervantes y máxima contribución de la literatura española al resto del globo. Sea cual sea la etimología de la cita, lo cierto es que el Atlético de Madrid parece empeñado en hacerla trizas cada encuentro que juega. El conjunto rojiblanco aumenta exponencialmente sus prestaciones en los segundos cuarenta y cinco minutos, y volvió a hacerlo de nuevo en el Sánchez Pizjuán. Aunque en esta ocasión, tal y como le pasó en Mendizorroza, no le fue suficiente para llevarse un botín en forma de tres puntos de vuelta a Madrid.

Que el combinado dirigido por Diego Pablo Simeone estuvo en cuerpo, pero no en alma, en el primer asalto del duelo contra el Sevilla no es ningún secreto. Únicamente inquietó a Vaclik mediante algún saque de banda que Kieran Trippier ejecutó como si de un córner se tratase. El plan inicial del Cholo, que pasaba por una circulación por dentro para liberar espacios en las bandas, fue neutralizado por el de Lopetegui. El técnico del conjunto de Nervión cambió su esquema habitual de 4-3-3 para jugar con un 3-5-2. De esta forma, logró tener más situaciones de superioridad en el centro del campo e imposibilitar el juego combinativo rojiblanco en tres cuartos de campo. Sin hacer mucho ruido, el plan funcionó a la perfección y encima se encontró el premio del gol gracias al Mudo Vázquez, que mandaría a la jaula con la testa un envío de falta de Ever Banega. El Sevilla no solo estaba logrando anular el ataque del Atlético, sino que además mandaba en el marcador.

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Imagen: Sevilla FC

Como es de suponer, la reacción rojiblanca llegaría tras el descanso. Simeone dejó en la caseta a Trippier, con algunas molestias y a Lemar, que en ningún momento encontró su sitio en el partido. Para buscar la remontada dio entrada a Arias en sustitución del inglés y a Costa. Esto suponía jugar con tres hombres de ataque: Correa, Morata y el propio Costa. La declaración de intenciones del técnico argentino era evidente. Aunque la reacción fue más allá de una mera sustitución de fichas: también trajo un cambio de actitud. Presión tras pérdida asfixiante, circulación fluida de balón, búsqueda activa de las bandas… Parecía un equipo totalmente distinto al que había pisado el césped del Pizjuán en la primera mitad.

El Atleti, ya reencontrado con su mejor versión, olía la sangre. La banda de Arias se había convertido en una autopista y de ella emanaron las mejores situaciones colchoneras. Fue el cafetero el que dio dos asistencias mediante sendos centros al segundo palo, casi calcados. El primero de ellos, rematado por Diego Costa. Y aunque había logrado batir a Vaclik, el hispano brasileño se encontraba en posición antirreglamentaria. El segundo envío de Arias, esta vez sí, terminaría en final feliz con el empate a uno por parte de Álvaro Morata. Sería el último gol del partido, porque pese a que se volvió loco en los últimos minutos y con polémica de por medio por una posible mano de Kounde en la misma línea de gol al retener el balón, no se inmutó el luminoso y se produjo el reparto de puntos.

Imagen: Atlético de Madrid

De nuevo, tras el término del choque, se retomó el ya habitual debate de qué hubiera pasado si se hubiese jugado igual en la primera mitad. Puede que sea por cuestión de dosificar el físico, por el planteamiento de cada encuentro o por la misma dinámica de un equipo que vive en un «sí pero no» constante. Lo cierto es que los del Cholo parecen ver gigantes a sus rivales en los primeros cuarenta y cinco minutos y tras el descanso tan solo ven molinos de viento. Fue el mismo Simeone quien reconoció tras el empate contra el Alavés que su hoja de ruta es su actuación después del descanso. Veremos si consigue dar con la tecla para que su equipo arranque los partidos con la misma actitud. Porque esta vez, contradiciendo a Cervantes, las segundas partes sí que son buenas.

 

Imagen principal: Atlético de Madrid.

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