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Casta, coraje, corazón y victoria

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Una victoria a base de pundonor, casta y baloncesto. Sobre todo baloncesto. Y es que, el partido con el que el Real Madrid consiguió su décima Euroliga fue toda una exhibición de baloncesto. Los blancos le dieron una lección de casta y honor a un Obradovic, cuyo décimo entorchado en los banquillos deberá de espera. Pero bueno en definitiva, hoy ganó el mejor, y por suerte el mejor fue de blanco.

El Real Madrid tras esta exhibición de fe sigue siendo, tanto en fútbol como en baloncesto el equipo con más títulos europeos. Y si te preguntas ¿Por qué? La respuesta es bien sencilla. En todas sus secciones los blancos tienen una especie de ADN en todo aquello que huela a Europa, que los hace casi invencibles cuando hay un trono del viejo continente en juego. Y es que, parece no existir equipo capaz de ganarle una final europea al Real Madrid.

Doncic y Caseur factores decisivos

A Doncic, que fue ayer nombrado MVP de la competición todo el mundo lo esperaba. Y es que, todo el mundo contaba con el esloveno para un partido como este. Pero con el que nadie contaba era con un Caseur, que es el Benzema de la sección de baloncesto. Parece que nunca esta, pero siempre aparece en los momentos decisivos.

El partido, tanto del galo como del esloveno ha sido sencillamente maravilloso. Hoy el papel principal que han tenido ambos jugadores ha sido ha sido algo definitivo para que el equipo merengue haya conseguido hoy su decimo entorchado europeo. Y de uno se esperaba, pero el otro ha sido un invitado totalmente inesperado.

Lo dicho antes sobre Caseur es algo que me gustaría repetir. El francés es un hombre de hielo, un hombre al que parece que todo le resbala, alguien al que todo le da igual, y por eso los partidos como el de hoy están hechos para jugadores como él. Jugadores con calidad que han nacido para partidos como este.

La defensa fue clave

En lo puramente baloncestístico cabe decir, que la defensa fue un factor decisivo y definitivo para que la balanza se decantase del lado blanco. Los blancos no dejaron respirar a un Fenerbache desconectado, inoperante y en el que sólo Melli y sus mas de 20 tantos dieron la cara.

Jugadores como Tavares, Thompkins o Taylor fueron decisivos para cortocircuitar al conjunto turco. Y es que, sobre el papel había diez brazos blancos siempre sobre la cancha, pero en cada defensa merengue parecía que había diez veces más de esos diez brazos. En definitiva, la defensa blanca fue perfecta.

Intensidad, solidez y saber estar tres factores para definir a la perfección lo que ha sido hoy el equipo merengue en el apartado defensivo. Y es que, desde el principio se sabia. que tanto la intensidad como el ritmo defensivo iban a ser claves en esta final. Y el Madrid fue mucho mejor que los turcos en este aspecto.

ADN ganador

El Real Madrid tiene un no se que, que se yo, que hace que en las finales, los blancos se vuelvan un equipo casi invencible. Y es que, el ganar, ganar y ganar que Luis Aragonés hizo tan conocido, es algo que como hemos dicho antes, el Real Madrid tiene metido en su ADN y es parte de la genética blanca.

Una genita que te enseña que en todo deporte sólo vale una cosa: la victoria. Y todos los caminos son buenos si a través de ellos se llega al triunfo. Eso es lo que debe pasar por la cabeza de todo jugador que se vista con la casaca blanca, cuando juegan un partido de la trascendencia del que han disputado hoy los chicos de Laso.

Los blancos han hecho hoy durante los cuarenta minutos de baloncesto en Belgrado una lección de genética al estilo blanco. Esa genética basada en el pundonor, la fuerza, la lucha y sobre todo el aparecer en los momentos en los que se debe aparecer y el partido de hoy era sin duda uno de esos momentos especiales.

Fuente de la imagen: MARCA

Artículo realizado por: Javier Fernández Lillo

 

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