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Bryan Gil y la revolución de lo simple

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Bryan Gil lidera un grupo de jugadores jóvenes que están haciendo ruido en Primera División gracias al atrevimiento siendo uno mismo

La de España es la Liga con menos desborde de Europa. Se veía venir desde lejos. El atrevimiento se ha sustituido por el conservadurismo. El extremo de verdad se ha sustituido por el ‘extremo moderno’. Jugar simple se ha sustituido por el pase de seguridad en campo contrario. Encarar se ha sustituido por darle la espalda a los retos. Ser uno mismo se ha sustituido por ser otra persona. Las paredes se han sustituido por un ‘toco y me quedo’. A todo le buscamos sustituto, pero muchas veces lo sustituido es mejor que el sustituto.

Pero siempre dentro de tanto lineanismo pobre que lleva al fútbol a involucionar, aparece un revolucionario que busca evolucionar y hacer evolucionar al fútbol. En este caso se trata de un revolucionario atípico que alimenta lo normal. Una revolución simple, una revolución del fútbol de verdad dentro del fútbol. La revolución de Bryan Gil.

Bryan Gil no es un revolucionario especial, sino un revolucionario hecho a si mismo. Un revolucionario simple, que no fácil, como su entrenador Mendilibar. Simple es hacer lo que te pide la jugada, que en la posición de Gil casi siempre es la de recibir de cara a la portería contraria, encarar, buscar el 1vs1, regatear, progresar y generar ocasión de gol. Vamos, lo que viene siendo un extremo de verdad. Y fácil es prácticamente hacer lo que el rival desea que hagas. Vamos, lo que viene siendo un extremo que mira más hacia campo propio y que no condiciona a la defensa rival.

Y como buen líder de esta revolución, Bryan, un chico del siglo XXI, asume su responsabilidad de predicar con el ejemplo. En su melena se refleja la cultura del esfuerzo, y sus piernas, a pesar de estar todo el partido corriendo hacia adelante y hacia atrás, siempre le queda una carrera más. Y todo esto, con más o menos talento, le lleva a ser competitivo en cualquier contexto.

Un movimiento se convierte en revolución cuando hace ruido en las cotas más altas. Cotas a las que se llega subiéndote a un tren que sólo pasa una vez. El tren del fútbol de élite, un tren donde sus pasajeros no quieren que el chico de 18 años que despunta no se suba, pues le puede quitar el puesto. Un tren al cual el mejor camino para entrar es el de ser uno mismo y atreverse a dar el salto y enfrentarse a los obstáculos.

En un equipo con jugadores con mucha más experiencia en Primera, Bryan debutó y juega siendo él mismo y atreviéndose a no pasársela al capitán cuando la jugada le pide encarar y desbordar. Y Mendilibar, excelente entrenador y formador, lo único que le ha pedido desde el primer día es que sea el mismo Bryan Gil de la cantera de Sevilla. Que sea Bryan Gil en Ipurua y en el Camp Nou.

Bryan Gil se potencia y crece futbolísticamente sabiendo que es y queriendo ser Bryan Gil, y no queriendo ser Messi. Y Mendilibar lo orienta por el camino en el que Bryan Gil sea un cada vez mejor Bryan Gil, y no convertirlo en Messi. Pensar que son Messi y querer ser Messi, otro déficit de las canteras. Una revolución de años, que se magnifica con el típico titular de ‘el nuevo Messi’ y que siempre acaba con un sólo perjudicado: el canterano.

La gran revolución es la de Bryan Gil, que si se hubieran hecho las cosas bien no haría falta, pero que en este momento y pensando en el futuro agradece el fútbol español. Una revolución que ya hace ruido en las cotas más altas con el propio Bryan Gil, Ferran Torres, Ansu Fati, Pedri, Yunnus Musah, Yeremi Pino, Barrenetxea…Chicos revolucionarios del siglo XXI con un denominador común: Atrevidos siendo uno mismo.

Imagen destacada vía: SD Eibar

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