La Mejor Información Deportiva

A la tercera fue la vencida

0

El meta del Atlético de Madrid conquista su primer título a nivel europeo después de perder las finales frente al Sevilla y al Real Madrid

El guardameta. La figura más difícil y, a la vez, la más infravalorada de un club. Si el delantero comete un error, es igual, ya tendrá otra. Si el portero comete un error, prepárate para ser el foco de miradas asesinas y a ser juzgado. Juzgado, precisamente, por esas personas que jamás se pusieron bajo los tres palos y, es más, evitaban a toda costa hacerlo. Y si ese error te cuesta la pérdida del partido, la pérdida de un título, entonces prepárate para el aquelarre. El guardameta. Ese que celebra los goles sólo. Que deambula por el verde césped del campo sólo. Que falla sólo. En un mundo en el que importan los goles, no es nada fácil vestir una camiseta diferente a la del resto de tus compañeros.

Y es que el mundo del fútbol le debía una al meta del Atlético de Madrid. Tres finales. Tres tuvo que esperar Oblak, eterno Oblak, para poder colgarse la medalla de campeón y alzar el título al cielo; en esta ocasión, al de Lyon. No pudo ser con el Benfica en Turín. Tampoco con el mismo club colchonero en Milán. Maldición en los campos italianos parece ser. Pero en Francia, y tras una temporada rozando la perfección, si es que no la ha alcanzado, Oblak, eterno Oblak, pudo sostener esa Copa de la UEFA entre sus manos y levantarla al grito de “Campeones, Campeones”.

Todo empezó en Turín

Este largo camino hasta el éxtasis del 16 de mayo de 2018 no fue nada fácil. Todo comenzó con un joven portero en el banquillo del Benfica. Otra de las maldiciones del guardameta: si en un partido sale otro que no seas tú, olvídate de jugar ese fin de semana. Las malas actuaciones de Arthur en la portería lisboeta hicieron tomar a Jorge Jesús la difícil decisión de apostar por un seguro y joven Jan Oblak en la recta final de temporada. Recta final que acabaría con la final de Turín, el 14 de mayo de 2014.

Aunque esa final tendría otro protagonista bajo los tres palos. Beto se erigió como el santo en la meta sevillista, deteniendo dos de los cuatro penaltis que el equipo portugués pudo lanzar. Oblak tan solo pudo ver como los lanzamientos de Bacca, M´Bia, Coke y un lesionado Gameiro se colaban en el fondo de sus mallas. El colofón final a una temporada para olvidar.

De Milán, mejor no hablar

Ya en el vestuario del Atlético de Madrid, y asentado en la portería por delante de otro gran guardameta como Miguel Ángel Moyá, Oblak dispuso de una nueva oportunidad de alzarse con un título europeo en 2016. Esta vez, la Champions era el objetivo. Aunque, para meterse en la final de Milán, el meta esloveno buena cuenta de sus reflejos tuvo que dar en el camino. En octavos, frente al Leverkusen, el portero rojiblanco detendría a Çalhanoğlu su lanzamiento desde los once metros en la tanda fatídica tras el empate en la ida y la vuelta.

Más adelante, en semifinales contra el Bayern, Oblak volvería a salvar a los colchoneros deteniendo la pena máxima a Thomas Müller en el momento exacto de la eliminatoria. Una parada que valió el hueco en la final del 28 de mayo. Aunque, de esa final, mejor no hablar. Pudo ser la presión. Pudieron ser los nervios o pudo ser el miedo escénico. Pero en la tanda de penaltis frente al Real Madrid, el meta esloveno no pudo reaccionar frente a los lanzamientos de Lucas Vázquez, Marcelo, Bale y Ramos. El último, el de Cristiano, dio muestras de valentía y decidió un lado, lamentablemente, el que no era.

Fin a una maldición

En la mejor temporada que se recuerda de Oblak. En esta temporada. En la campaña que lo ha colocado como el mejor portero del mundo. El gafe en las finales europeas dijo adiós de la mejor manera posible. Un 0 en el marcador refleja que el portero cumplió, y cumplió con sobresaliente. Llegó poco el Marsella, eso sí, pero lo que llegó lo solventó como siempre: con seguridad y dando sensación de muralla. Pudo adelantarse Germain a las primeras de cambio. Pero ahí estaba eterno Oblak para tapar todo el espacio posible.

La más clara, la de Mitroglou, pudo significar el 1-2. Pero esas yemas de los dedos del pulpo esloveno dijeron que no esta vez. Buen recuerdo de su debut en la portería del Atlético de Madrid tenía en su mente el santo colchonero. Con el gol de Gabi, el sueño cobró vida. Oblak, eterno Oblak, consiguió así romper su maldición. Una nueva historia comenzará para el meta esloveno pues, la suya personal, ha llegado a su fin.

Fotografía: Atlético de Madrid

Autor: Christian Fernández

 

 

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.