Tal día como hoy en el 2014 el Racing de Santander plantaría cara a uno de los momentos más difíciles de su historia: «los chorizos del Racing». Fueron meses y meses de impagos a la plantilla del Racing, hasta que la situación límite colapsó.
En España siempre se ha reconocido al Racing de Santander como un club histórico de Primera. No es para menos: el equipo montañés cuenta con 44 temporadas en la máxima categoría del fútbol español. Pasaron de jugar Europa League a competir en Segunda B en menos de cinco años. ¿La razón de este brusco cambio? No hay un solo nombre ni una sola palabra que pueda responder a esta pregunta, pero todo se resume en una pésima gestión del club.
Mientras los aficionados celebraban el buen momento deportivo del equipo, en los despachos se estaba firmando la sentencia. El Racing ya estaba endeudado. Se gastaba más de lo que tenía. No había nadie que quisiera reconocerlo, pero cuando faltó el dinero, aparecieron los buitres.
El falso salvador
En 2011, en plena crisis, apareció un hombre que iba a salvar al Racing. Su nombre era Ahsan Ali Syed. Llegó a la capital cántabra como un jeque moderno, asegurando que iba a invertir millones de euros y que iba a revertir la situación que estaba viviendo el club. En resumidas palabras, un aparente salvador.
Pero el salvador era un fantasma. Prometió pagar, no pagó. Prometió invertir, no invirtió. Prometió estabilidad, dejó ruinas. Usó el club como escaparate, como tarjeta de presentación para otros negocios. Y cuando todo se torció, simplemente desapareció.
Dejó atrás un club vacío, sin dinero y en manos de una empresa opaca llamada WGA. El Racing ya no era del racinguismo: estaba secuestrado.
Un club secuestrado
Cuando Ali Syed se fugó, apareció la segunda parte de la pesadilla. Su nombre era Ángel Lavín, más conocido como “Harry”, líder de un consejo de administración. No tenían apoyo social. No tenían dinero. No tenían proyecto. Pero tenían algo más peligroso: el control legal del club. No pagaban a los jugadores. No pagaban a los trabajadores del Racing. Prometían soluciones que nunca llegaban. Bloqueaban juntas de accionistas.
Todo esto enfadó y preocupó mucho a la afición racinguista. En El Sardinero, en vez de escucharse celebraciones de gol, se escuchaban cánticos contra la directiva, como el ya histórico “¡Fuera chorizos!”.
La desesperación estalla: el asalto al palco
La tensión y el miedo fueron creciendo en Santander con el paso de los meses. La afición veía cómo su club moría en directo. Nadie desde fuera parecía capaz de echar a los que estaban dentro, hasta que un día la afición explotó.
Mientras se disputaba un duelo de Copa del Rey, varios aficionados verdiblancos asaltaron el palco de honor en busca de Harry. Volaron objetos. Hubo empujones, gritos y policía. No fue bonito, no fue ejemplar. Pero fue el reflejo de algo peor: la desesperación total.
El plante de honor
Los jugadores estaban cansados de ser engañados constantemente. De estar jugando sin cobrar mientras la directiva lo único que hacía era reírse de ellos. Tenían que hacer algo para poner punto y final a esa situación. ¿La solución? El plante de honor.
No valía un partido cualquiera, había que buscar un escenario único. La decisión final fue que los jugadores se negasen a jugar el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad.
Toda Cantabria sabía que no se iba a disputar ese encuentro, pero aun así miles de racinguistas acudieron aquella noche de 2014 a El Sardinero. Nada más después de que Gil Manzano diera comienzo al choque, los once jugadores titulares del Racing de Santander se abrazaron en el centro del campo, al igual que todo el cuerpo técnico y los suplentes. No era una simple protesta: era el acto más valiente y digno que se pudo hacer en Santander. Finalmente, el encuentro se suspendió y pasó a semifinales el conjunto donostiarra.
El rescate
A partir de ahí, ya no hubo vuelta atrás. La presión fue brutal: medios, afición e instituciones. Llegó el administrador judicial. El consejo cayó. El club empezó, poco a poco, a volver a manos del racinguismo. No fue rápido. No fue fácil. El Racing pasó por Segunda B, por el barro, por campos pequeños y por humillaciones deportivas. Pero algo había cambiado: el club ya no estaba en manos de estafadores, estaba en manos de su gente.
A día de hoy, el Racing está viviendo su mejor momento en esta última década. Líderes de Segunda División y con una directiva y un proyecto inmejorables, algo que era totalmente impensable hace no muchos años.
Imagen principal vía: Real Racing Club
Por: Jorge Burillo Fernández; pueden seguirme en X @JorgeBurilloo, Instagram @jorgeburilloo
Sigan toda la información y actualidad deportiva en vipdeportivo.es, en X: @VIP_Deportivo; en nuestro Facebook: VIP Deportivo. LinkedIn: VIP Deportivo. Instagram: @VP_Deportivo y Threads: @VP_Deportivo.
